La artesanía del cobre en Guadalupe
Contenido de la comunicación realizada por Manuel Torrejón en el marco de las II Jornadas del Patrimonio de la Puebla y Real Monasterio de Guadalupe, el día 17 de enero de 2026.


Dice el Dr. Honorio Manuel Velasco, profesor de Antropología en la Universidad Complutense, que «la artesanía es el modo de producción tradicional que se va enriqueciendo con las aportaciones provenientes de otros grupos y lugares y con la experiencia individual de cada artesano. Es, al mismo tiempo, la representación de la vida tradicional de un pueblo, constituyendo signos diferenciados de una cultura y una sociedad. El producto artesano tiene una orientación funcional que no quiere decir utilitaria al servicio de la comunidad donde trabaja el artesano.
El caldero donde se cuece la calabaza es también un instrumento de percusión para acompañar una tonada. Los utensilios de cocina que entran en la dote y que sirven para hacer la comida, cuando no se usan, una vez limpios y relucientes, estarán colgados en las espeteras y colocados en las vasarillas y banquillos, que, además, evidenciarán si el ama es pulcra».
Pero esto es el ayer en parte. Hoy, los cacharros de cobre son solo objetos de adorno en las casas extremeñas, pero bueno es recoger su origen para que sepamos de dónde viene el hacer de nuestros artesanos. En este caso nos estamos refiriendo al artesano del cobre. Un oficio aprendido a lo largo de varias centurias por generaciones de guadalupenses, pero que estaba vinculado a la economía familiar, más tarde a la venta masiva pero esporádica en las ferias de la comarca, y, modernamente, fuera de Guadalupe. Aprendido como tantas cosas de nuestro pueblo a la sombra del Monasterio, no tenía el amparo oficial —hoy está más apoyado—, pero no gozaba de la inteligencia ni de lo que ahora se denomina marketing, para darlo a conocer por las mismas manos que fabrican tantos objetos que hoy, repetimos, son elementos de adorno en nuestras casas.
Existe un pequeño artículo denominado La artesanía del cobre, y dice así: «No podemos fijar una fecha concreta para la aparición del cobre en Guadalupe, aunque sí tenemos que remontarnos hasta el Guadalupe medieval, pues a la sombra del Monasterio la puebla era una de esas clásicas urbes donde florecían las ciencias y las artes, a la que acudían artistas, artesanos y los más ilustres hombres de la época. Existían escuelas de todas las ramas de las ciencias y de las artes: escuela de gramática, miniatura, bordados, medicina y ferias-mercados que atraían la atención de mercaderes, artesanos, artistas y peregrinos.
Todavía se conservan algunos vestigios de aquella ilustre época: hospitales, casa-cuna, hospedería real, calle del mercado, de los caldereros, molino y martinetes en el curso del río Guadalupe... Son un simple recuerdo de la vida y actividades del Guadalupe de los siglos XV y XVI. Por lo que a la artesanía del cobre se refiere, fue muy amplia la labor realizada por los jerónimos en las diversas ramas de las artes. Hay que resaltar que está íntimamente unida al Monasterio, ya que aquí aprendieron muchos el oficio de batir y repujar que, después, se ha ido transmitiendo de generación en generación».
En 1462 existía una oficina (escuela) llamada platería, situada en lo que hoy se conoce como Corralón o Iglesia Nueva, constituida por un maestro y varios oficiales y aprendices. Entre los muchos plateros insignes que dirigieron esta oficina destaca fray Juan de Segovia que, a pesar de su apellido, parece ser que era de nuestro pueblo y aprendió el oficio de su padre. Aún se conservan algunas piezas entre las muchas que hizo y, a pesar de los expolios que ha sufrido el Monasterio, sobresale la arqueta de los esmaltes, con preciosos repujados en bronce y exquisitas filigranas. También existe un portaviático labrado en plata que simula la cúpula de la iglesia parroquial, con unas maravillosas arcadas y ojivas góticas.
Pero lo más importante de esta oficina de platería para los caldereros no son los maestros plateros. Quienes tienen relevancia para nosotros son los muchos aprendices que trabajaban junto a estos maestros, y que los historiadores indican como nacidos en Guadalupe. Junto a tales maestros aprendieron el arte de rebatir y repujar los metales. Estos aprendices trabajaban de forma exclusiva para el cenobio y no podían ni siquiera pensar en trabajar por su cuenta, ya que los monjes acaparaban toda la actividad.
Sin embargo, con el correr de la historia y la decadencia de los jerónimos, los aprendices fueron liberándose poco a poco, surgiendo una serie de artesanos que habían aprendido el oficio al lado de nuestros plateros y orfebres. En los tiempos modernos, la artesanía viene de tradición familiar, en la que destaca la saga de los Collados, que llegaron a estas tierras sobre el siglo XVI. Hoy día, sus sucesores son artesanos del cobre.
En los años sesenta y setenta, la artesanía del cobre y del latón experimentó un importante auge; muestra de ello son los numerosos talleres que llegaron a existir. En la actualidad apenas llegan a media docena, continuando todos ellos con la misma tradición que nos dejaron nuestros antepasados, aunque, por su carácter manual, lento y costoso, corren el riesgo de desaparecer.
En el bellísimo libro Las Villuercas, Los Ibores, La Jara, se lee: «De la más antigua tradición de Las Villuercas, en particular de Guadalupe, es la calderería, pues se remonta, parece ser, a la estructura social de la aljama de la puebla, abierta a emigrantes alemanes e italianos». Aquí se recoge, una vez más, la cita histórica del alemán Münzer, que conoce en el Monasterio a un compatriota de Hamburgo, quedando admirado de los utensilios de la cocina monacal: «Vasijas de cobre tan grandes como para cocer un buey entero y otras vasijas para el agua caliente y fría».
Don Enrique Llopis, de la Universidad Complutense de Madrid, en el interesante libro Guadalupe 1752 según las respuestas generales del catastro de Ensenada, publicado en 1991, habla de las actividades manufactureras y terciarias de Guadalupe en el siglo XVIII, donde en el sector metalúrgico había 37 personas que suponían el 25% de la población activa de la localidad. Ello demuestra, dice el profesor Llopis, que Guadalupe era uno de los pocos núcleos extremeños donde la industria tenía un cierto relieve. El Monasterio empleaba en el campo metalúrgico a 13 personas. El trabajo del cobre constituía la actividad más destacada, existiendo 11 caldereros ocupados en la fabricación de utensilios de cocina.
Fray Sebastián García, en su obra Historia de Nuestra Señora de Guadalupe (1926), informa de cómo la industria del laboreo de metales fue de gran importancia, en especial en la transformación de minerales en los martinetes, herrerías y platerías. Para la transformación del cobre existían los martinetes en los ríos Guadalupe y Ruecas.
En 1948, Ruth Matilda Anderson, de la Hispanic Society de Nueva York, en su libro sobre la indumentaria popular de Extremadura, relata: «Todas insistían en ser fotografiadas con el cántaro de cobre, característico de Guadalupe. Eran de color entre rojo y marrón mate, con un asa de hierro negro y un borde también de hierro como base y un cuello brillante rematado de latón».
En Guadalupe se han hecho de siempre calderos, calderas, braseros, chocolateras, cazos, calentadores de cama, cántaros, jarros, medidas y alambiques. Hoy los caldereros de Guadalupe como Manolo Torrejón, los Tello, los Poderosos, Huertas, etc., no hacen cacharros para la vida doméstica, sino para adornar nuestras viviendas.
Guadalupe es un ejemplo de artesanía por muchos motivos: por su Monasterio, por la Virgen y por sus caldereros que siguen empeñados en un arte oriental amasado entre el fuego del carbón y sus manos prodigiosas.
ANEXO 1.- Listado: Artesanos del Cobre en Guadalupe
- Siglo XIX: Vicente Collado (1840), Anselmo Collado (1880).
- Siglo XX: Juan Vicente Collado, Francisco Collado, José Collado, Daniel Sierra, Ángel Sierra, Víctor Rodríguez, Juan Poderoso (Padre).
- Finales Siglo XX a la actualidad: Jerónimo Sierra Leza, Hermanos Sierra, Hermanos Collado, Hermanos Poderoso, Flores González, Manuel Torrejón Collado (Padre), Silverio García Aceituno, Bruno Tello Sánchez, Antonio Tello Sánchez, Antonio Baltasar, Antonio Delgado Rodríguez, Ángel Sánchez, Manuel Torrejón Collado.
ANEXO 2.- Técnicas de realización de piezas de cobre
- Martinete: Uso de martillo pilón golpeando sobre madera cóncava.
- Tradicional: Partir de un disco de cobre usando solo el martillo, con "recocidas" constantes para ablandar el metal.
- Patrones: Soldar piezas cortadas según moldes previos.
- Entallado en torno: Técnica de mediados del siglo XX usando un bruñidor; es un procedimiento más rápido.
- Prensado o embutido: Técnica complementaria de conformado.
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