Guadalupe no fue solo un lugar de rezo, sino un centro de vanguardia musical conectado con la Corte y las grandes catedrales, poseedor de una Capilla de Música que rivalizaba con las más importantes de España.
Los Órganos Monumentales
El monasterio posee una larga tradición organística que se remonta al siglo XV, pero su máximo esplendor llegó en el Barroco con la construcción de instrumentos monumentales que aún dominan el coro:
• Los Órganos Mayores: Fueron construidos por la dinastía de los Liborna Echevarría. En 1702, Pedro Liborna construyó el órgano del lado del Evangelio. Medio siglo después, en 1754, su hijo Pedro Manuel Liborna finalizó el órgano del lado de la Epístola, dotando al coro de una simetría visual y sonora impresionante. Aunque en 1924 la casa Walcker (con Alberto Merklin) renovó su maquinaria interior convirtiéndolos en órganos eléctricos, se conservan las magníficas cajas barrocas originales.
• Los Realejos: Además de los grandes órganos, en el coro se conservan dos realejos (órganos portátiles) gemelos de gran valor histórico. Uno fue construido por Francisco Antonio Díaz en 1745 y el otro en 1748. Existe evidencia de un tercer realejo guardado junto a la sacristía.
La Capilla de Música y su Orquesta
La Capilla Musical de Guadalupe se profesionalizó y modernizó a lo largo de los siglos. Originalmente, el acompañamiento se hacía con ministriles (chirimías, sacabuches, cornetas y bajones). Sin embargo, el siglo XVIII trajo la modernidad orquestal:
• Nuevos Instrumentos: A partir de 1731 se introducen los violines, seguidos por oboes, flautas, trompas y clarines, sustituyendo progresivamente a los antiguos instrumentos de viento del Renacimiento.
• Formación: El monasterio funcionaba como un conservatorio; en sus colegios-seminarios se educaba a los niños cantores (tiples) que, vestidos y calzados a costa del monasterio, garantizaban la calidad del coro.
Maestros y Compositores Jerónimos
El archivo musical conserva más de quinientas obras compuestas por los propios monjes, quienes alcanzaron un nivel técnico excepcional. Entre las figuras más destacadas se encuentran:
• Fray Domingo de Santiago (1707-1757): Organista y Maestro de Capilla, formado en la Catedral de Santiago. Fue discípulo del célebre José de Nebra y dejó setenta obras en el archivo.
• Fray Manuel del Pilar (1716-1794): Es el compositor más prolífico del monasterio, con casi 300 obras conservadas.
• Fray Lorenzo de Béjar y Fray Carlos de Salamanca: Ambos organistas destacaron a finales del XVIII. Curiosamente, ambos eran hermanos de músicos famosos de la época (José Lidón de la Capilla Real y Manuel José Doyagüe de la Catedral de Salamanca, respectivamente), lo que facilitó un intenso intercambio cultural.
Un Archivo de Conexiones Reales
El archivo de Guadalupe atesora no solo la producción propia, sino obras maestras traídas de fuera gracias a las relaciones de los monjes con la Capilla Real de Madrid y el Monasterio de El Escorial. Se conservan partituras de grandes maestros españoles como Sebastián Durón, José de Nebra y Francisco Corselli, así como del padre Antonio Soler.Esta circulación de partituras demuestra que, durante su "Edad de Plata", Guadalupe fue un foco receptor y creador de la mejor música sacra del momento, cuyas melodías resonaban entre los muros góticos acompañadas por la majestuosidad de los órganos de los Liborna.
Con la llegada de la orden de San Francisco en 1908 comienza un periodo de enorme actividad musical, tanto creativa como pedagógica y musicológica. La orquesta de José Cordero acompañaba a un coro con interpretación de obras desconocidas. Afortunadamente algunos franciscanos como Constantino Garmendia, Víctor Sillaurren, Bernardino Puig, Sebastián Simonet o Jerónimo Bonilla, fueron capaces de reorientar las costumbres musicales y rescatar la polifonía del siglo XVI de autores como Palestrina, Tomás Luis de Victoria, Jacinto Guerrero o Cristóbal Morales, entre otros. El coro lo conformaban los estudiantes franciscanos y los niños tiples.