La pintura en Guadalupe (Cáceres, Extremadura, España) forma parte esencial del patrimonio artístico de la región, con un foco destacado en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe —uno de los conjuntos artísticos y espirituales más sobresalientes del país, declarado Patrimonio de la Humanidad— donde la tradición pictórica se entrelaza con la historia religiosa y cultural de España.
Desde la llegada de la Orden de San Jerónimo en 1389, el Monasterio de Guadalupe se consolidó como un centro de producción y custodia de arte de gran significación. Las pinturas llenan prácticamente todos los espacios monacales y forman parte integral de su diseño arquitectónico y devocional.
Las colecciones pictóricas del monasterio cubren desde los siglos XV al XVIII, con obras que combinan estilos gótico, barroco y renacentista:
En el claustro denominado de los Milagros se conservan treinta lienzos del siglo XVII con escenas dedicadas a milagros de la Virgen, obra de fray Juan de Santa María.
En la iglesia mayor, se encuentran pinturas de Jerónimo Audije de la Fuente (1747) y un lienzo barroco emblemático de Juan García Miranda, pintor de cámara de Felipe V.
El retablo mayor está engalanado con escenas de Vicente Carducho y Eugenio Cajés, artistas vinculados a la corte de Felipe III.
Destacan también obras de Pablo de Céspedes, Juan de Flandes, Juan Carreño de Miranda o Luis Tristán en distintas capillas o espacios del templo.
La Sacristía del Monasterio, conocida como “la Capilla Sixtina española”, alberga un ciclo excepcional de lienzos de Francisco de Zurbarán dedicados a monjes jerónimos, concebidos con una finalidad formativa y espiritual directa para los novicios de la Orden.
Asimismo, el museo del monasterio conserva otras piezas relevantes, desde obras de Goya hasta una adoración de los Reyes Magos atribuida a Adrián Isembrant, que enriquecen aún más la perspectiva histórica del arte en Guadalupe.